¿Cómo era el Dr. José Gregorio Hernández?

En verdad se han realizado muchos análisis de la personalidad de José Gregorio Hernández, de su aspecto físico, de su forma de vestir, de su manera de actuar en circunstancias difíciles, del trato con sus alumnos en la universidad, de su vida de fe, de la manera de tratar a sus pacientes, de cómo era con sus familiares y amigos ... hasta de su forma de escribir, de su dieta diaria... etc, existe mucha bibliografía para describir a este venezolano, ya que todo lo relacionado con su persona despierta curiosidad entre nosotros seamos devotos creyentes o no.

Sin embargo muchos biógrafos han sintetizado la personalidad de José Gregorio Hernández en base de las narraciones de terceros que fueron sus familiares y de sus amigos más cercanos.

Recientemente vi en una revista venezolana, que basándose en los análisis de su escritura; un grafólogo profesional emitía juicios sobre la personalidad del Doctor Hernández. En parte de su análisis decía que el Doctor Hernández omitía la barra horizontal de la letra "T", diciendo que este rasgo se trataba de personas que tenían: olvidos frecuentes, pensamiento distraído, pereza en la atención y tendencia ser poco detallista. Lo extraño para mí fue que el mismo grafólogo; en el mismo análisis pareciera decir lo contrario lo cual expone así:"Cuando las líneas tratan de rebasar el borde de la página, este rasgo denota una impulsividad que intenta rebasar las propias metas, predominio del pensamiento lógico y reflexivo. La puntuación adelantada denota que el sujeto ve las cosas muy fáciles; tiene una imaginación dinámica y espontánea, además tiene deseos muy vivos e impaciencia. En el conjunto con escritura armónica y clara Indica firmeza de carácter, rectitud moral y legalidad. Marcado sentido del honor y del deber; orgullo y fuerte autoestima". Tal vez para algunos estos análisis les parezca gracioso por sus posibles contradicciones, pero para otras personas son considerados bastante serios. 

Un connotado y recordado cronista del diario el Universal, Carlos Eduardo Misle "Caremis", cuando se conmemoraban los 75 años de la muerte de José Gregorio Hernández escribió un artículo que tituló: "José Gregorio Hernández ofreció su vida por la paz", fechado 26 de junio de 1994. En él nos cuenta que su padre (que aún usaba pantalones cortos) y sus abuelos,  trataron  mucho a José Gregorio, ya que su familia tenía una gran amistad con el médico en aquella época y mi abuelo no dejaba que la servidumbre atendiera al Doctor Hernández cuando los visitaba. Ya sea para brindarle un café o un jugo; este servicio lo realizaba el joven (mi papá), como muestra de respeto y cariño. Nos narra Caremis lo siguiente: "Del testimonio de mi padre, transcribo esto:

El doctor Hernández caminaba mucho y muy rápido, viendo hacia abajo. Vestía siempre de negro, con camarita y paraguas. Según las circunstancias, usaba levita o paltó-levita. Comulgaba todos los días; rezaba de rodillas y bajaba la cabeza hacia el suelo, como si lo fuera a besar.

Caminaba tirando hacia adelante. Hablaba muy ligero pero muy claro. Sus visitas a los enfermos eran cortas e iba al grano; no se distraía conversando. Sólo se limitaba a decirle al paciente: "Saque la lengua"; le ponía el termómetro; luego le preguntaba, ordenaba la dieta, extendía la receta y al despedirse decía: "Con eso se pone bueno. ¡Adiós!. Era de pequeña estatura, era muy blanco y tenía bigotes y pelo negro. Tenía fama en Europa y aquí de poseer lo que se llamaba "un gran oído del corazón" y gran acierto en el diagnóstico; cobraba cinco bolívares por visita a domicilio y dos - o lo que pudiera el enfermo- en el consultorio.

A los pobres no les cobraba y hasta les regalaba los remedios o en un descuido del paciente le ponía un sobre con dinero bajo la almohada o en la mesita de noche."Una de las mejores descripciones físicas del Doctor Hernández la encontramos en el libro del doctor Yáber "José Gregorio Hernández" de Ediciones Trípode; el cual nos describe a Hernández así:

Era un joven bien parecido, de ojos grandes, pero de serena mirada; amable, bondadoso, de modales delicados; vestía siempre modestamente. Pero muy bien arreglado. Se conservan fotos de la época de estudiante en el colegio Villegas y de la Universidad. En la adultez, se dice que era de simpático y distinguido talante: era un hombre de mediana estatura, aspecto saludable y contextura normal. La estatura de Hernández era de un metro sesenta centímetros, vestía de color oscuro o negro, a la usanza de la época. Como tuvo una vista perfecta no usaba anteojos para leer ni escribir.

Llevaba el cabello y los bigotes bien arreglados y teñidos. Esto era lo usual. No fumaba cigarrillos; sólo lo hizo en los últimos años. Creemos que Hernández en su aspecto exterior y en su conducta diaria, salvo su invariable fe a su práctica de la religión, quiso estar acorde con las cambiantes modas de la época. Se cuenta que estando de visita en la Legación de Venezuela en Washington, decía a su amigo Santos Dominici, a la sazón embajador de Venezuela:

¿Cómo no estás a la moda, y por qué? No usas pantalones arremangados como yo, ni zapatos de corte bajo, ni medias, ni corbata de color.- Al terminar la comida, sacó una elegante cigarrera para brindarle un cigarrillo."

En una época de su vida el Doctor Hernández confeccionó su propia ropa, por lo que aprendió a ser un buen sastre; oficio que utilizó solo y exclusivamente para su persona.

"El Dr. Travieso, que fue su discípulo en la Cátedra de Histología, refería que Hernández vestía acicaladamente trajes bien confeccionados y a la última moda, se tocaba con sombreros de fieltro elegantes y en armonía con la indumentaria, gustaba calzar zapatos de dos tonos.

-Cuando inicié mis estudios de medicina en la universidad. Esta era la forma de vestir de los distinguidos profesionales profesores. Dentro del recinto de la universidad, era elegante demostrar el respeto que le merecían sus alumnos, así como también en el recinto sagrado del Alma Mater y, aunque el hábito no hace al monje, es lamentable todo lo que hemos perdido, con la informal y muy poca académica vestimenta de muchos profesores.-

José Gregorio usaba, como era costumbre, el chaleco. En él destacaba su reloj de oro con tapa y cadena del mismo metal que le había sido regalado. El reloj era muy fino y una campanita daba las horas y medias horas. Se cuenta que este reloj le fue pedido prestado por un colega a principios de 1908, y no le fue devuelto, ni Hernández se lo reclamó. 

Cuando tenía necesidad de sacar algún dinero, lo hacía con los dedos pulgar, índice y medio de la mano derecha de uno de los pequeños bolsillos del chaleco...

El Dr. Hernández no fue una personalidad aislada, ni menos el producto de la casualidad. Él ha sido exponente superior de un modo de ser venezolano, preocupado por los problemas de la Patria. Inquieto por las circunstancias políticas reinantes. Hernández enjuiciaba con gran caridad las situaciones y conductas desacertadas de la época".

El Dr. Francisco Antonio Rísquez médico y científico ilustre, se expresó así ante la noticia trágica de su muerte: 

"Yo no pude nunca penetrar en aquella psicología, ni alcancé jamás a descubrir los secretos de aquella ecuanimidad imperturbable. Yo le veía recorrer, con incansable actividad, el intrincado laberinto del mundo, sin comprender qué fuerza le guiaba o sostenía; pero sabiendo, sí, que sus caminos eran los de la virtud y su norte la Eterna Bienaventuranza.

Yo le acaté científico, le admiré carácter, le aprecié compañero, le respeté justo y bueno, como arrastrado a amarle y venerárle por su inclinación inconsciente, y hoy incapaz de trazar unos rasgos que le representen y le expliquen, suelto la pluma impotente, en espera de que un día, disipado el torbellino del desastre y asentadas las ideas que atropellan, psicólogo más hábil o pluma más discreta, delinee la personalidad culminante y enigmática del Doctor José Gregorio Hernández"

Del padre Eduardo de Gema recogemos estos apéndices de su obra "El Siervo de Dios Doctor José Gregorio Hernández Cisneros" lo siguiente:

"El Dr. Hernández está todavía entre nosotros. Vivo y palpitante en el recuerdo de los venezolanos. Él va por nuestras calles otra vez con su paso, menudo, sereno, lo mismo que por las notas del pentagrama del gran Maestro Pedro Elías Gutiérrez, en su Elegía al Dr. Hernández; el ilustre autor de Alma Llanera, lo ha sabido evocar. Y no solamente en el recuerdo florido de sus notas y canciones y versos de jardines. No solamente en el recuerdo emocionado. Es él mismo el que está entre nosotros...Él ha vuelto a Venezuela otra vez con su pluma ágil y con su recetario en el bolsillo." 

Otros rasgos de la personalidad del doctor Hernández para algunos conocidos y para otros no tanto, que encontramos en la biografía que realiza de José Gregorio Hernández su sobrino Ernesto Hernández Briceño; la cual dice así:

"Aunque no se puede decir que hubiera nada excesivamente extraño en la personalidad de José Gregorio, es preciso notar que había en él rasgos muy especiales que le distinguían. Por ejemplo, según dicen todos sus biógrafos. José Gregorio nunca salía de noche. Aunque debemos tener en cuenta que no hubo alumbrado eléctrico en Caracas hasta 1895, cuando José Gregorio muere, en 1919, ya la capital venezolana contaba con bastante iluminación. Era tan apegado a esta costumbre de no salir por la noche, que en una ocasión, cuando el arzobispo de Caracas. Mons. Juan Bautista Castro pronunció unas conferencias nocturnas con motivo del año jubilar del Santísimo Sacramento en Caracas, José Gregorio no asistió (aun cuando era muy amigo del prelado), sino que las leyó después en edición hecha por la tipografía La Religión.

Otra característica digna de mención es que José Gregorio <<no usaba ni maletín de médico ni estetoscopio>>. Para auscultar a sus pacientes utilizaba un pañuelo de seda el cual extendía sobre el pecho o la espalda del paciente, aplicando luego el oído. También auscultaba colocando dos dedos en la espalda del paciente y golpeándolos ligeramente con la otra mano.Siempre llevaba consigo un termómetro para medir la temperatura del paciente. <<También nunca uso bastón ni por moda>>. José Gregorio hablaba varios idiomas como francés, el alemán e inglés también tenía grandes conocimientos de latín y hebreo.No hablaba portugués como han dicho algunos biógrafos.

Tampoco dispuso nunca José Gregorio de un consultorio, siempre veía a sus pacientes en su propia casa, en una habitación que tenía destinada al respecto, o bien los atendía en los propios hogares de los enfermos. Salvo contadas excepciones, José Gregorio hacía el recorrido de sus pacientes a pie, pues gustaba de ese ejercicio y, aunque le gustaban los coches de caballos, tenía aprehensión hacia los automóviles. Sólo utilizó el automóvil para las visitas, durante la epidemia de gripe española en octubre de 1918.

Aunque no era persona vanidosa, José Gregorio acostumbraba ocultarse las canas de la cabeza y del bigote. Con este fin usaba una preparación a base de quina roja que le daba a su pelo un tono castaño rojizo.

A José Gregorio le gustaba mucho la comida popular venezolana, especialmente las hallacas (que le preparaba su cuñada Dolores Briceño), y los dulces. Aunque no era de mucho comer; según él mismo cuenta en carta del 14 de enero de 1889 a su amigo Santos Aníbal, apenas montaba a caballo se le abría el apetito.

La generosidad era un rasgo muy característico de José Gregorio, y ésta quedó demostrada no sólo en su conducta con su familia y en el trato a sus pacientes más pobres, a quienes atendía gratuitamente y él mismo en ocasiones proporcionaba las medicinas, sino que se reflejaba también en sus costumbres cotidianas, ya que solía llevar los bolsillos del chaleco llenos de calderilla (monedas en sencillo de poca denominación) que distribuía entre los pobres que encontraba a su paso. Los numerosos regalos que recibía por su santo, el 19 marzo día de San José, los repartía equitativamente entre su familia; y en una ocasión en la que un amigo agradecido le regaló un coche de dos caballos, para que visitara a los enfermos, él a su vez lo donó a una institución caritativa." 

Alfredo Gómez Bolívar

 

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